De "recurso" a "talento" - y no cambió nada

24.03.2026

Por Andrea Geymonat

Yo empecé a estudiar Recursos Humanos en el año 2014. Ya en ese momento el concepto de referirse a las personas como "recurso" llevaba años de evolución, habiendo pasado por "socio", "capital" y llegando al muy querido "talento" (de acuerdo al estimado autor Idalberto Chiavenato).

Muy inspirador por cierto y muchos de los que estudiamos estos temas nos embanderamos con estos términos.

Somos unos idealistas sin remedio que cuando llegamos a una empresa nos damos un porrazo tremendo.

La realidad es que "ofenderse" porque se siga usando la palabra recurso en vez de talento no sirve de nada, cuando la ironía es que incluso en empresas que cambian la palabra, no cambian la forma de tratar a las personas.

Incluso los más comprometidos, se quiebran

He pasado por muchas experiencias laborales.

Mi naturaleza es de hacer las cosas lo mejor posible, sin importar las circunstancias externas. Mi madre una vez me contó algo que decía mi abuelo (al que nunca conocí) y yo me sentí tan nieta de él: las cosas se hacen bien o no se hacen.

Sin embargo, incluso con este tipo de actitud, me enfrenté a ámbitos laborales que me quebraron el espíritu.

Y para sorpresa de nadie (excepto de mi jefe), me terminé yendo.

Imagínense que queda para los demás.

Mucha frase de cartón, poca coherencia

La cuestión es que siguen siendo demasiadas las empresas que exigen el máximo, pero están dispuestas a dar el mínimo.

Mucha frase de cartón, mucho ranking farandulero, mucho cartelito de colores, en una cultura que no cuida lo que verdaderamente hay que cuidar: la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

¿Cómo construimos coherencia? Con diseño. Las empresas donde existe el bienestar no son fruto de recetas mágicas.

Una cultura que te eleva en vez de quebrarte es una que valora el resultado por sobre el método. La flexibilidad por sobre el control. La colaboración por sobre el ego. Esto no quiere decir que cada quien es libre de hacer lo que quiere. Quiere decir que el líder construyó un equipo tan bien orientado, que es posible confiar en que la libertad para conjugar la vida laboral y personal - que es la misma vida, porque no somos máquinas - no va a impactar más que positivamente en la calidad y eficiencia del trabajo.

Mucho regalito por el día de la madre, pero cuando una colaboradora tiene a su hijo enfermo prefiere dejarlo al cuidado de otra persona con tal de no tener que enfrentar un jefe que la va a juzgar.

De solo pensar en tener esa conversación se le hace un nudo en la panza – yo misma he vivido esa historia –

¿Así queremos que la gente trabaje bien?

Sin cimiento, nada se sostiene

Pero la flexibilidad y la colaboración no alcanzan. Sin un cimiento sólido, igual que cualquier edificio, todo lo que construyamos se desmorona tarde o temprano.

Un cimiento sólido se construye con lo más básico de todo: cumplimiento normativo, cuidado de la seguridad y la salud, reglas claras, procesos funcionales, resolución por sobre burocracia.

Y la columna fundamental: el líder.

Puede ser la persona con la mejor voluntad del mundo. Pero sin un sistema sólido en el que sostener el liderazgo, su esfuerzo se agota.

Y estamos hablando de los buenos líderes.

Con un mal liderazgo lo que vamos a ver es la imagen viva de la disfuncionalidad.

Esa que hasta los clientes rechazan.

¿Vos pensás que el clima de la empresa no impacta la reputación frente al consumidor?

Pensá de nuevo.

El primer paso siempre empieza adentro

El cambio siempre es difícil, pero no podemos seguir en piloto automático e ignorar el momento que estamos viviendo como sociedad.

Todos los días un empresario/a amanece cuestionándose el valor de su negocio sintiendo que no se está subiendo a un tren que no sabe ni como se llama.

Hay pasos muy sencillos que se pueden dar para empezar a ganar solidez.

Todos estos años de observar e investigar me han mostrado que es posible establecer un patrón, y que, en mi modelo, el plano se ve así: infraestructura, relaciones, liderazgo y desarrollo.

Pero, si sos dueño/dueña, CEO, parte de un equipo directivo, de liderazgo, el desafío más claro que observo para transformar empresas en las culturas de colaboración e innovación que requiere esta nueva era, no tiene que ver con estructuras.

Tiene que ver con vos mismo.

Esto es lo más importante: cuando decidas dar el primer paso, el ego se manda al archivo.

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