Construir con intención - la VIDA de tu empresa

15.04.2026

Por Andrea Geymonat

Hace algunos años diseñé un taller para trabajar la importancia del liderazgo y la estructura organizacional (que solemos dejar que pase desapercibida como elemento clave de la empresa). Como parte de la dinámica los equipos tienen que construir barcos con algunos materiales (y algunos giros inesperados de la trama).

Parte de la reflexión apunta a si te subirías a un barco con un capitán que no sabe a dónde va.

Funciona y los descubrimientos siempre son valiosos.

Pero creo que para poder hablar mano a mano con la gente que hace empresa todos los días, especialmente la pyme o la startup en su inicio, y hacerles entender la importancia de la estructura y de la intención en las primeras etapas, necesitamos ir más allá de la metáfora y trabajar conceptos aterrizados y que den en el punto.

Por eso empecé a desarrollar mi modelo basado en el concepto de arquitectura y de una pregunta que busca abrir el espacio hacia la claridad de forma muy simple: ¿construirías una casa sin plano?

Construir con intención

El plano es la intención del edificio y el claro mapa de acción para construir coherentemente.

Para que una empresa crezca en rentabilidad organizacional (este concepto lo desarrollé en el artículo anterior "La falacia del propósito") también necesita de esa intención, clara pero también flexible, para que pueda adaptarse a cada etapa de la empresa.

Las estructuras rígidas y excesivamente teóricas ya no tienen lugar en esta nueva era de hacer empresa.

Esto no implica ausencia de estructura. Implica que tenemos que romper moldes y construir o reconstruir aceptando que el cambio es un hecho y que "patalear" no soluciona nada.

Pero romper moldes no significa improvisar. De hecho ¿por qué aceptarías improvisar en la gestión de tu empresa lo que nunca aceptarías al construir tu casa?

Cuando una empresa crece sin haberse diseñado para crecer, los síntomas no solo son claros, sino que son comunes. Y me llama poderosamente la atención como, siendo de común conocimiento que esto existe, que es real, que va a suceder, nos seguimos encontrando una y otra vez con dueños-dueñas de empresas expresando los mismos problemas. Cada vez que tengo una sesión de diagnóstico me encuentro diciendo "te entiendo, mira que no sos el único(a)" como para empatizar y hacer sentir a esa persona, que está lidiando con niveles altísimos de exigencia, un poco menos de culpa.

Pero en el fondo pienso por qué, conociendo la inevitable trayectoria de gestionar sin un modelo claro, se sigue yendo como por un túnel hacia un resultado conocido, como un autoboicot al crecimiento: fallas en la entrega al cliente, bajo nivel de confianza y capacidad de delegar, el dueño/a siente que la empresa no puede funcionar sin su presencia, sistemas que no son funcionales a una operación eficiente, conflictos y malos entendidos, baja percepción de bienestar, baja motivación, estancamiento, falta de información y datos suficientes para la toma de decisión informada, sensación de que "todos hacen lo que quieren", ansiedad por el futuro.

Y la forma fácil de ponerle un "pin" a estos problemas, es asignarlos a "la gente" cuando en realidad es un problema de diseño.

Estamos construyendo sin plano.

Cuando yo hablo de intención, es para fijarlo como extremo opuesto a la improvisación.

Construir con intención implica que el crecimiento no se va a dar "de casualidad", se va a dar como consecuencia de cada paso que damos desde el primer momento. Ese primer momento puede ser el día de fundación de la empresa o puede ser el día de refundación. El día que decidís que algo tiene que cambiar.

Una empresa con VIDA

Los elementos que yo propongo que pongas en tu plano, y revises para empezar a construir con intención, son cuatro.


Esta es la primera vez que les voy a presentar oficialmente mi modelo.


Se llama VIDA:


- Vínculos: cuidado de la cultura y las relaciones

- Infraestructura: condiciones de trabajo, procesos y estructura organizacional

- Desarrollo: organizacional, profesional y personal

- Autoridad consciente: liderazgo coherente y siempre en construcción

Una empresa con VIDA, es una en la que el propósito y los métodos existen como resultado de una co-construcción dinámica entre gerencia y equipo. Que se asienta, pero no se estanca.

En una empresa diseñada para crecer:

- el error es aceptado como oportunidad de aprendizaje,

- las reglas de juego están claras desde el momento cero para todas las partes involucradas, así como los roles y las responsabilidades,

- los valores se comparten y los no negociables se respetan sin excepción,

- el cambio se entiende y acepta como parte normal del desarrollo porque los cómo, los qué y los por qué son conocidos y transparentes,

- las normas legales y no legales son conocidas y respetadas como base de la convivencia y fuente de confianza,

- el desarrollo no es una promesa, es un plan de acción,

- la autoridad es una herramienta de servicio, no de coacción y el ego no tiene lugar.

La estructura está viva.

Personas al centro — y más allá

Cuando digo que las empresas suelen poner el foco de los problemas en las personas y no en el diseño, me refiero a esa expresión generalizada de "la gente está difícil". Hay una razón por la que se está volviendo una "queja" común. La percepción es válida. Las personas ya no interactúan con la vida laboral como hace diez-quince años.

Ya no podemos esperar personas que lleguen para quedarse. La rotación continúa es tu nueva realidad.

Las generaciones que hoy integran el mercado laboral se ríen de la misión y la visión y dejaron a los modelos de gestión anteriores en offside sin piedad.

Las personas quieren sentirse escuchadas, cuidadas y sostenidas.

Cada persona que llega a la empresa es un latido nuevo, y tenemos que aprender a aprovechar ese pulso, mientras dure.

Lo concreto es que tenemos que escuchar más y juzgar menos.

Las empresas hoy tienen que poder crecer y desarrollarse más allá de las personas.

VIDA está pensado para poner a las personas en el centro al mismo tiempo que las trasciende.

Cuando ponés a disposición de las personas una gestión pensada para que las cosas funcionen con claridad y eficiencia, con colaboración, con cuidado, con coherencia, con intención, aquello que no funciona empieza a encontrar su camino. Lo que es caos empieza a encontrar orden. Lo que es desconfianza empieza a consolidarse.

Entonces ahora sí. Cuando el volumen de todo lo que eran problemas constantes baja, va a aparecer la melodía del crecimiento.


Si esto resonó y querés explorar cómo aplicarlo en tu empresa, la primera sesión de consulta es sin costo. 

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