El bienestar y el plato del medio

30.07.2026

Por Andrea Geymonat

Durante años hablamos de productividad, resultados, eficiencia, rentabilidad.

Como si las personas fueran un recurso más dentro de la empresa.

Hoy, sin embargo, llevamos unos cuantos años hablando un poco más de bienestar en el entorno empresarial. En algunos casos, hasta hay empresas un poco más intrépidas que ya hablan de felicidad en el trabajo.

Y, sin embargo, qué lejos estamos todavía de entender el problema.

Aunque la conversación esté más abierta, el foco sigue corrido.

El bienestar no empieza con los beneficios

¿Y entonces qué es bienestar organizacional?

Te digo lo que no es. No es buenas intenciones.

Me estoy encontrando con empresas que se abren a construir algo más, que por la razón que sea entienden que hay alguien que tiene que estar para "mirar por encima" de lo que se escapa y cuidar a la gente.

Hay problemas de comunicación, hay falta de cohesión entre líderes, hay beneficios que se ponen a disposición que no le interesaron a nadie.

Literal esto fue lo que escuché en la búsqueda de un rol de HR: alguien que ayude a mejorar la comunicación, que esté en los detalles, que se acuerde de los cumpleaños.

Buenas intenciones. Mal entendimiento de lo que construye bienestar y compromiso.

Les cuento cómo yo entiendo que funciona una empresa que tiene una cultura de bienestar: las personas no le tienen odio al lunes.

¿Se dan cuenta todo lo que significa eso?

El bienestar no empieza cuando alguien se acuerda de los cumpleaños.

Empieza mucho antes.

Empieza cuando el líder es coherente y servicial.

Cuando las personas saben que se espera de ellas.

Cuando pueden preguntar sin sentir que quedan expuestas.

Cuando equivocarse no significa quedar marcado.

Cuando el trabajo tiene sentido.

Cuando sienten que alguien sostiene el contexto en el que trabajan.

Cuando el marco de trabajo funciona a su favor, y no en su contra.

Cuando se respetan los derechos básicos.

Cuando se celebra el crecimiento personal tanto como el buen desempeño.

Después todo lo demás.

Si la empresa espera lograr resultados a costa de las personas ¿quién quiere volver el lunes?

El plato del medio

Esto es lo que pasa cuando quieren mejorar la motivación, el compromiso o el bienestar dando pases para el gimnasio o haciendo una fiesta o dando descuentos para el supermercado.

Están queriendo lavar el plato del medio, sin tocar ninguno de alrededor.

Y eso es imposible.

Para seguir la metáfora, mínimamente vas a tener que sacar lo que está encima. Y si esa pila no la lavas también, el problema no desaparece.

Por el contrario. La próxima vez, la pila va a ser más grande.

Porque el plato del medio nunca estuvo sucio solo.

Los platos de arriba siguen apoyándose sobre él.

Los de abajo siguen sosteniendo el peso.

Por eso me gusta mirar las organizaciones desde el modelo VIDA.

Porque el bienestar nunca depende de una única acción.

Depende de un sistema.

Depende de los vínculos que hacen que las personas se sientan acompañadas.

Depende de la infraestructura que permite trabajar con claridad y no en permanente improvisación.

Depende del desarrollo, para que las personas tengan propósito y oportunidades de crecer.

Y depende de la autoridad consciente, esa forma de liderar que construye confianza mucho antes que obediencia.

Cuando una de esas dimensiones falla, el bienestar empieza a deteriorarse.

Cuando fallan varias al mismo tiempo, ningún beneficio alcanza.

Ahí es cuando aparecen frases conocidas.

"La gente no está comprometida."

"La gente ya no tiene ganas."

"La gente no valora nada."

Pero el problema nunca fue la gente.

Mirar el sistema completo

El trabajo tiene que mejorar la vida de las personas, no hacerla peor.

Esto no significa que todo es algodones y color de rosa.

La vida misma es caos, incertidumbre y cambio constante.

La empresa también.

Una cultura de bienestar no es una donde todos sonríen todo el tiempo.

No es una empresa sin conflictos, sin estrés, sin presión.

No es una empresa donde todo sale bien.

Es una a la que las personas vuelven con gusto el lunes, a pesar de todo eso.

Porque saben que el contexto y las herramientas para atravesar todo eso, están.

Porque se siente seguras, contenidas. Porque alguien los cuida. Porque alguien los ayuda a levantar el peso.

Porque no están solas.

Y un mal día termina siendo solo eso, y no una carga que requiere terapia, medicación o llanto para superarlo.

El bienestar es mucho más que una buena intención.

Es una decisión de diseño.

Y las organizaciones que entiendan eso van a descubrir que el compromiso nunca fue una consecuencia de los beneficios.

Fue una consecuencia del contexto que decidieron construir.

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